Cuentos, Relatos de mujeres, Relatos de mujeres

El Tío Pedro

Por Adela Ramirez

No lo queremos al tío Pedro. Nadie lo quiere. La tía Elsa se ríe de él porque es un pajuerano. Dice que la tía Julia está medio loca desde que se casó con el Pedro. El papi no dice nada, pero sé que no lo quiere. Adriancito le tiene vergüenza, se esconde. La mami no lo quiere porque siempre cae a media mañana y no la deja hacer las cosas de la casa.

Viene de visita solo, sin la tía Julia. Dice que se hace una escapada entre venta y venta.  Anda, casa por casa, vendiendo las manualidades que cose su hermana la que no conocemos: patines de pañolenci para el piso encerado, carpetitas bordadas, chinelas de tela con cara de gato. Viene los sábados, cuando no vamos al colegio. La mami aprovecha para hacer los mandados y nos deja un ratito con él.

-Mami, no te vayas cuando viene el tío Pedro.

-¿Qué? ¿Por qué?-. Y sigue lavando los platos en la pileta de la cocina. (Dejá los platos, mami, tengo miedo).

-Es que… no lo quiero… no me gusta- contesto bajito.

-Pero hija… así aprovecho el tiempo, ¿no ves que no me deja hacer nada?  Habla siempre las mismas pavadas, y hay que atenderlo- dice sin mirarme.

Estoy en la mesa de la cocina, cortando un vestidito para la muñeca de papel. Lo pinté con los lápices de colores y quedó muy lindo. A la muñeca le dibujé tetas y unos pelitos ahí abajo. Yo no tengo, pero me van a crecer cuando sea más grande.

El hule está gastado y la punta de la tijera a veces lo agujerea un poco. Lo aprieto con la uña, para que no se note.

-Por favor, mami-. La voz me tiembla, y no quiero que se note. 

Cierra la canilla, y saca un repasador limpio del segundo cajón. Me mira de reojo mientras seca la cacerola grande de aluminio. Hay que secarla bien, para que dure.

¿Qué pasa?, decime.

-Es que…, es asqueroso. ¡No quiero que venga más!-. La sangre se me amontona en los cachetes. (Mirame mamita, te quiero contar, escuchame).

-Bueno, no será para tanto, ¿no?. Es muy ordinario, sí. Pero asqueroso no me parece.

(Siempre estás haciendo algo cuando te quiero hablar. Como el día que me dijiste que los reyes son los padres. No dejabas de planchar, y yo quería morirme).

-¡Me da besos asquerosos, mami!, ¡Mojados y asquerosos!. ¡Acá y acá!- y me señalo las comisuras de los labios, un poco más adentro, con las dos manos. Me largo a llorar. No me abraza, no me sienta en sus rodillas. (Ico, ico, caballito, vamos a galopar).

-¿Estás segura?-. Me mira. No necesita que le conteste. Sigue secando. Los platos, los cubiertos, los vasos. Ninguna de las dos habla. Sigo llorando en silencio. No me mira.

Empieza a guardar, y como si no le importara me dice:

– Que no se entere el papi. Me va a echar la culpa a mí. Y ya sabés lo que pasa después.


Adela Ramirez

Con dos hijos ya grandes, en proceso de despegue, decidí jubilarme. Me resultó fácil soltar la actividad universitaria y dedicarme libremente a las dos cosas que me fascinaban cuando niña. Armé un nanoemprendimiento de artesanías, que funcionó como “período de adaptación”, mitad trabajo redituable, mitad juego. Ahora estoy incursionando en la escritura (mi otra asignatura pendiente),  animándome a compartir mis relatos en espacios amigables, como este blog.

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